
- Porque tengo una lista de objetivos, no muy ambiciosos, pero que si todos conseguimos cumplir uno o dos de ellos, juntos haremos que el mundo sea un poquito mejor.
- Porque creo que es bueno mirar a la vida con buenos ojos, y creo que se cogen más moscas con miel que con vinagre.
- Porque la cocina diaria no tiene por qué ser complicada. E intento probar que las recetas de siempre pueden ser fáciles, nutritivas, y apetitosas, incluso para los paladares más exigentes.
No dejes para mañana lo que puedas probar hoy. El tiempo no da marcha atrás.
Me enfoco en ofrecer a ideas, productos, técnicas, o actividades nuevas para probar cada día en diversas categorías como estilo de vida, finanzas, tecnología, bienestar, y productividad.
Como decía la canción, creo que hay tres prioridades fundamentales en la vida: salud, dinero y amor.
La salud nos permite disfrutar plenamente de cada día. Nos esforzamos por cuidar nuestro cuerpo y nuestra mente, buscando un equilibrio que nos otorgue bienestar y vitalidad.
El dinero, aunque no es lo más importante, es un recurso necesario que nos facilita cubrir nuestras necesidades básicas y alcanzar nuestros sueños. Busco gestionarlo de forma responsable y consciente, para que sea una herramienta de crecimiento y no una fuente de preocupación.
Finalmente, el amor; hacia nosotros mismos, hacia los demás, hacia lo que hacemos. Creo en la importancia de cultivar relaciones saludables, llenas de respeto y cariño, y en poner pasión en cada acción que emprendemos.
Una pequeña aclaración entre amigas
Antes de que sigas leyendo mis locuras, consejos y alguna que otra metedura de pata, quería contarte algo importante.
Muchas de las historias que comparto por aquí, esos enredos, dramas familiares o dilemas existenciales, son completamente reales. Son pedacitos de mi vida, de las conversaciones con mis amigas con un café (o una copa de vino) de por medio, y de esas anécdotas que una vez que pasan, te ríes, pero en el momento solo quieres que te trague la tierra.
Eso sí, aunque las situaciones son de verdad, los nombres, los lugares y algún que otro detalle comprometedor están más cambiados que yo después de descubrir el corrector de ojeras. Lo hago para proteger a los «protagonistas» de mis batallas cotidianas. Más que nada, porque deseo que mis amigas quieran seguir siéndolo y prefiero evitar que sus maridos, jefes o madres las reconozcan en mis textos.
Así que, si de repente una historia te suena sospechosamente familiar, puede que sea pura coincidencia… o puede que no. En cualquier caso, lo importante es la lección que aprendimos juntas y, por supuesto, las risas que nos echamos en el camino.
