Los libros de la ratita Candelita

Aventuras pequeñas para leer en voz alta

Tengo un sistema para los cuentos de mi sobrina Irene. Cuatro baldas, tres colores de pegatina y una norma sagrada: las series se leen en orden. Irene, que tiene cuatro años, también tiene un sistema. El suyo consiste en sacar todos los libros a la vez, hacer una montaña en la alfombra y sentarse encima.

Llevamos así desde la primavera. Yo ordeno, ella excava. Es una relación sana, creo.

Así que cuando llegó a casa una pila de libros de la Ratita Candelita, todos con la misma ratita blanca de ojos rosados en la portada, yo ya tenía el plan hecho antes de quitar el plástico. Empezaríamos por El Gran Bosque, parte 1, porque ahí Candelita sale de casa por primera vez y conoce a sus amigos. Luego la parte 2. Luego Villaflor. Todo con su lógica, su progresión y, si me apuráis, su hoja de cálculo.

Irene cogió El misterio de los panes desaparecidos y me lo puso en la cara.

—Este. Es de detectives.

—Cariño, pero si todavía no conoces a Copito.

—¿Quién es Copito?

—¡Pues por eso!

Mi yo interno: Copito es un conejo, Ava. Un conejo amable. No hace falta una presentación formal con currículum.

Yo: Es que en el primero se conocen. Hay un arco. Hay una progresión emocional.

Mi yo interno: Hay una niña con un pijama de astronautas y la rodilla remendada que quiere saber quién se ha comido los panes de don Pomelo. Lee.

Leí. Y aquí viene lo humillante: no pasó absolutamente nada. Irene conoció a Copito, a Pinchos y a Minerva en mitad de una investigación, como se conoce a la gente de verdad, y le dio igual el orden. A mí me costó tres páginas soltar la hoja de cálculo mental. A ella, cero.

Quién es la Ratita Candelita

Candelita es una ratita blanca, de bigotes largos y ojos rosados, que vive en el Gran Bosque y tiene más curiosidad que sitio en la madriguera. Su lema lo dice todo: «Pequeña por fuera, valiente por dentro». La autora es Mary Sánchez, y la serie cuenta sus aventuras por bosques, pueblos, mares, bibliotecas mágicas y parques naturales, haciendo amigos en cada sitio. Y no ha terminado: hay más títulos en camino.

Lo que tienen en común todos los libros es el fondo: amistad, compartir, ayudar a los demás, trabajar en equipo, respetar a quien es distinto y cuidar la naturaleza. Son valores de los de toda la vida, contados sin sermón. Candelita no da lecciones; las aprende, normalmente a base de meterse en líos. Y eso, para quien lee en voz alta todas las noches, se agradece muchísimo.

¿Para qué edad son?

En Amazon aparecen recomendados de 8 a 12 años. Yo, con todo el cariño, discrepo un poco. Como cuentos para escuchar, son historias para los más pequeños: de 3 a 6 años, más o menos, que es justo la edad de pedir «otro» cuando apagas la luz.

Ahora bien, los dibujos para colorear y las fichas de juegos piden manos algo más mayores, de las que ya no se salen de la raya (o se salen menos). Y ahí está la gracia de esta serie: funciona entre hermanos. He visto a algún que otro niño de ocho años leyéndole las historias a su hermano pequeño para después colorear juntos al personaje del día. En mi familia, el que lee es Mateo, el primo de Irene, que tiene ocho años y pone voz de oso gruñón con una solvencia preocupante.

Los libros de la serie

Las partes 1 y 2 de cada historia sí conviene leerlas seguidas (aunque, como ya habéis visto, hay lectoras que opinan otra cosa). El resto se puede leer en el orden que os pida el cuerpo.

El Gran Bosque

Mary Sánchez nos cuenta como Candelita sale por primera vez a explorar el bosque y conoce a la pandilla: Copito, un conejo amable; Pinchos, un erizo algo tímido; Zori, una zorrita dulce pero insegura, y Minerva, una amiga sabia que siempre tiene algo que enseñar. Va de amistad, de compartir y de lo fácil que se vuelve todo cuando se hace entre varios.

Formato: tapa blanda.

Siguen las aventuras con dos fichajes: Cornelio, un ciervo al que le encanta cantar, y Barnabas, un oso gruñón que poco a poco abre el corazón. Hay días de nieve y fiestas de primavera. Barnabas, por cierto, es el personaje con el que más me identifiqué a las siete y media de la mañana.

Formato: tapa blanda.

El pueblo de Villaflor

Candelita llega a Villaflor, hace amigos nuevos y descubre que las diferencias también pueden unir. Este trae extras: juegos, laberintos y dibujos para colorear.

Formato: tapa blanda.

Aparecen Lucas, un niño siempre dispuesto a ayudar; la abuela Manuela, con sus historias y sus abrazos calentitos, y las palomas mensajeras que llevan cartas por todo el pueblo. La idea de fondo: cada persona es especial, y ayudar agranda el corazón.

Formato: tapa blanda.

El misterio de los panes desaparecidos

En Villaflor han desaparecido todos los panes de la panadería de don Pomelo. Candelita se pone el sombrero de detective y, con Copito, Pinchos y Minerva, sigue pistas y huellas misteriosas hasta descubrir que nada es lo que parece. El favorito indiscutible de mi casa, por motivos ya expuestos.

Formato: tapa blanda.

Los grandes héroes

Candelita conoce a quienes están siempre listos para ayudar: policías, guardias civiles, bomberos y sanitarios. La conclusión es preciosa: cualquiera puede ser un héroe cuando ayuda a los demás.

Formato: tapa blanda.

De vuelta en Villaflor, la pandilla conoce a los bomberos forestales, la policía local y los militares de los tres ejércitos. Hay helicópteros, vehículos especiales, rescates y desfiles, y una frase que me apunté: los verdaderos héroes no llevan capa, llevan solidaridad, valentía y un gran corazón.

Formato: tapa blanda.

El corazón de Doñana

Candelita viaja al Parque Nacional de Doñana para cumplir un sueño: conocer al lince ibérico, el joven Areno. Va de animales, paisajes y de una idea sencilla: la naturaleza es un tesoro que hay que cuidar.

Formato: tapa blanda.

Confesión rápida: este lo leí yo sola antes que Irene. Llevo años planeando ir a Doñana. Lo he planeado tres veces, con alojamiento mirado y todo, y las tres lo cancelé porque «no era buen momento» (que en mi idioma significa «la cuenta del banco me miró mal»). Una ratita de papel ha llegado antes que yo. Lo estoy gestionando.

El tesoro del Mar Azul

Aventura pirata con la capitana Delfy, en la que el verdadero tesoro resulta ser la amistad y el cuidado del mar.

Formato: tapa blanda.

La Biblioteca Mágica

Candelita encuentra una puerta escondida en un viejo roble y, detrás, una biblioteca llena de magia, donde el búho Sabinus le enseña el poder de las palabras. Si tenéis en casa a alguien que está empezando a leer solo, este es el que yo le dejaría en la mesilla.

Formato: tapa blanda.

Más allá de los libros

La web de la serie, laratitacandelita.es, tiene material gratuito que salva más de una tarde de lluvia:

  • 30 dibujos para colorear descargables, entre ellos Candelita detective, Candelita pirata, don Pomelo y el lince ibérico.
  • 9 fichas de juegos para imprimir, como «Palabras que riman», la adivinanza «¿Quién soy?» o «Encuentra las berenjenas».
  • Vídeos en el canal de YouTube @RatitaCandelita, con historias como El misterio de los panes desaparecidos, El Gran Bosque y Los grandes héroes.

Mary Sánchez visita también librerías, colegios y ferias; si queréis organizar una firma o una lectura, en la web hay un formulario de contacto.

Dónde comprar los libros

  • En Amazon: la mayoría de los títulos están disponibles en la página de la autora en Amazon, en tapa blanda.
  • Firmados por la autora: desde el apartado de libros de laratitacandelita.es se pueden pedir ejemplares dedicados, pagando por PayPal. Los gastos de envío que indica la web son de 1,50 €.

Para regalar, el firmado gana por goleada. Un libro dedicado a tu nombre, cuando eres pequeño, es prácticamente un documento oficial.

Lo que aprendí (yo, no la ratita)

Que los cuentos para los más pequeños no necesitan mi sistema de pegatinas. Que una buena historia aguanta que empieces por donde te dé la gana. Y que hay pocas cosas más reconfortantes, al final de un día largo, que leer en voz alta a una ratita que es pequeña, se asusta y va igualmente.

Ayer Irene reorganizó la balda de abajo. Ahora se llama Villaflor y, según ella, no se puede entrar sin contraseña. La contraseña es «panes». No se lo digáis a don Pomelo.