Conoce los mundos de Hayao Miyazaki y sus fuentes de inspiración según Nicolas Rapold

Chihiro junto al dragón Haku bajo un cielo nocturno, en una escena de El viaje de Chihiro.

En Hayao Miyazaki: las fuentes de inspiración de sus icónicas películas, Nicolas Rapold propone una lectura de los mundos imaginarios del cineasta japonés, cofundador de Studio Ghibli, estudio galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2026. 

La reseña de este libro obliga a mirar a Miyazaki menos como un autor que debe ser explicado y más como un creador cuya obra se comprende por acumulación de ecos: lecturas infantiles, recuerdos personales, imágenes del cine clásico, tradición japonesa, conciencia ecológica y fascinación por el vuelo. Rapold no pretende cerrar el misterio de sus películas, sino mostrar algunas de las fuentes que las alimentan. 

Hay largometrajes que no se limitan a contar una historia: abren una puerta. Los bosques de Mi vecino Totoro, la casa de baños de El viaje de Chihiro, los cielos de Porco Rosso, la naturaleza herida de La princesa Mononoke o el duelo íntimo de El chico y la garza forman parte de un universo cinematográfico que millones de espectadores han sentido como propio. 

La propuesta del autor es un recorrido por la literatura infantil, los recuerdos de infancia, la cultura japonesa, la ecología, la guerra, el cine clásico, la animación y los paisajes que laten detrás de las obras de Studio Ghibli. El resultado es una invitación a volver a mirar a Miyazaki con nuevos ojos: no como un autor que debe ser descifrado, sino como un creador de mitos modernos. 

“El público confía en que estas películas no sean artificiales, tópicas, feas o tediosas. Lo que se quiere explorar con este libro es qué influye en la creación de esos mundos, que no es lo mismo que explicarlos. Lo trascendente y divertido de la mayoría de estas películas elude su análisis. Miyazaki tiene un gran talento, no solo inventando, sino también asimilando sus fuentes de inspiración hasta hacerlas suyas. Es bonita la manera en la que ha creado su propio ciclo de mitos modernos a través de estas películas. Los personajes y los lugares que ha ideado parecen haber existido siempre de forma casi independiente de sus orígenes e influencias”, explica el autor. 

Desde sus primeras páginas, la obra parte de una sensación que cualquier fan de Miyazaki reconoce: después de ver una de sus películas, uno quiere verlas todas, volver a ellas y compartir sus escenas favoritas. Esa capacidad de regreso es uno de los grandes temas del libro: las películas de Miyazaki no se agotan, sino que se transforman con cada visionado. 

Rapold muestra cómo personajes como Totoro o Chihiro parecen haber existido siempre, casi independientemente de sus influencias. Esa es una de las virtudes del libro: no reduce las películas a sus fuentes, sino que ilumina el modo en que Miyazaki las transforma hasta convertirlas en algo propio. 

Totoro se ha convertido en el símbolo más reconocible de Studio Ghibli, mientras que Chihiro permanece como una protagonista valiente y resolutiva que sigue revelando nuevos matices en cada revisión. 

Este no es solo un libro para fans de la animación. Es también una obra para lectores interesados en la literatura, el arte, la cultura japonesa, el cine, la infancia, la memoria, la naturaleza y las formas en que una obra visual puede marcar emocionalmente a varias generaciones. 

Miyazaki es capaz de imaginar y poblar mundos como pocos directores o creadores de animación. Películas como El viaje de Chihiro y El chico y la garza, ambas ganadoras del Óscar a mejor película de animación, desarrollan una versión completa y fascinante de la realidad. 

El libro explora la creación de esos mundos y conecta su origen con los intereses, las obsesiones y las influencias del director japonés. Al hablar de ubicaciones geográficas reales citadas por Miyazaki, de sus creencias y biografía, del impacto del manga y del anime, de la cultura japonesa tradicional y de los escritores, artistas y cineastas que admira, Rapold ofrece una nueva manera de entender y disfrutar sus películas. 

“Cuando vi por primera vez una película de Hayao Miyazaki, enseguida quise verlas todas. Además, también sentí ganas de comentar mis escenas y momentos favoritos con otras personas para conocer los suyos. El problema principal que quizá tengan muchos fans es que Miyazaki no haya hecho más películas. No obstante, es increíblemente reconfortante volver a verlas, una característica inherente a todas ellas. Sus películas son, como sugiere el título de este libro, mundos dentro de nuestro mundo. Todos tienen sus propias reglas, a veces las mismas que el nuestro —las protagonizan niños que tratan de averiguar cómo abrirse paso en la vida—, pero a menudo bastante diferentes, incluso difíciles o imposibles de entender”, señala el autor. 

¿De dónde nacen los paisajes, criaturas e historias de Mi vecino Totoro, El viaje de Chihiro o El chico y la garza?

En Los mundos de Hayao Miyazaki, Nicolas Rapold recorre las influencias que han dado forma al universo del director japonés: lugares reales, cultura y tradición japonesas, manga y anime, literatura, arte y cine, además de episodios de su propia vida.

Una guía ilustrada para descubrir sus películas desde una perspectiva diferente y volver a ellas con otros ojos.

Las fuentes de inspiración detrás de los mitos modernos de Studio Ghibli.

Literatura infantil 

La literatura infantil funciona aquí como un portal. Miyazaki fue un lector voraz, y el libro conecta sus películas con autores como Lewis Carroll, C. S. Lewis, Frances Hodgson Burnett o Antoine de Saint-Exupéry. En el primer capítulo, por ejemplo, se relaciona Mi vecino Totoro con Alicia en el País de las Maravillas: Mei atraviesa la maleza, cae por un agujero y entra en contacto con una criatura extraordinaria, igual que Alicia al perseguir al conejo blanco. 

La naturaleza como belleza y amenaza 

En Miyazaki, la naturaleza no es solo un decorado. Puede ser refugio, misterio, peligro, fuerza espiritual o víctima de la modernidad. El libro aborda esta dimensión en capítulos dedicados al bosque, la ecología y las catástrofes antinaturales. 

Heroínas jóvenes e independientes 

Uno de los grandes rasgos del cine de Miyazaki es la presencia de niñas y mujeres jóvenes que trabajan, deciden, se equivocan, se levantan y aprenden a orientarse en mundos complejos. El índice del libro dedica un capítulo completo a cómo distintos escritores ayudaron a crear modelos de mujeres jóvenes e independientes. 

El vuelo como obsesión creativa 

Aviones, máquinas voladoras, cielos abiertos y ciudades flotantes aparecen una y otra vez en su obra. El libro relaciona esta fascinación con autores como Saint-Exupéry y con la propia identidad de Studio Ghibli, cuyo nombre remite a un viento cálido del desierto y a la imaginación aérea del director. 

El duelo, la enfermedad y la memoria 

Las películas de Miyazaki suelen estar atravesadas por la ausencia, la enfermedad o la pérdida. Mi vecino Totoro, El chico y la garza y El viento se levantamuestran distintas formas de convivir con el miedo a perder a alguien. El libro conecta estas tramas con la infancia del propio Miyazaki, marcada por la enfermedad de su madre.